Entrevista a Joaquín Delgado, pintor y fotógrafo – Charo Ruiz Gitrama

Entrevista a Joaquín Delgado, pintor y fotógrafo – Charo Ruiz Gitrama
11 agosto, 2009 moon

El pasado jueves Joaquín Delgado presentó su nueva colección de pintura Reflejos de Agua en el Museo Barbadillo de la Manzanilla. Veintiséis óleos y dos video proyecciones que envolvieron al público en una caverna de reflexiones marinas.

La exposición se mantendrá abierta al público hasta el 23 de agosto.

Sus primeras pinturas fueron marinas. A partir de ahí las pinceladas de este creador sanluqueño han dibujado bodegones, paisajes realistas e incluso luces de neón en un crepúsculo urbano. Ahora regresa al mar de una forma más conceptual y vuelve a cubrir sus obras con otro velo, más marinero. Reflejos de Agua es la nueva colección del pintor Joaquín Delgado que se exhibe estos días en el Museo Barbadillo de la Manzanilla; la tercera exposición en la tierra natal del pintor.

– ¿Por qué exponer tu nueva colección en una bodega?

– Ésta no es sólo una exposición de pintura, sino mucho más. Como decía el pintor Paco Pérez Valencia, es una exposición para ser vivida, porque se puede disfrutar de muchas cosas, el espacio, el olor, la pintura. Y me parecía interesante combinar el mar y los reflejos de la pintura con el vino, con el olor de la manzanilla. Fui el año pasado a esta bodega a ver una exposición de Garicoitz Cuevas y me encantó. Entonces mi obra la vi allí.

– ¿Cuál es la temática principal de esta exposición?

– La luz ha sido la constante en todas mis obras. De hecho la primera exposición que hice en Sanlúcar fue “Luz y Memoria”. En la segunda exposición aquí, Crepusculario, se trataba de luz urbana, artificial, y ahora es la natural; pero las dos están filtradas por el mismo elemento, el agua. Me interesa cómo se comporta la luz en diferentes medios, en el aire, creando atmósferas que sugieren, en el agua, con sus reflexiones, sus instantes fugaces. Y no sólo me obsesiona como fenómeno físico, sino también como símbolo de lo que alumbra y hace visible.

– ¿Cuándo surge la idea de los reflejos y el agua?

– Realmente no sé cuándo aparece una idea, poco a poco van saliendo las cosas. A mí siempre me ha interesado el tema de los reflejos, de la realidad reflejada, matizada. Me gusta plasmar la realidad con un velo, como lo fue la lluvia en Crepusculario; son como pantallas que distorsionan la realidad, meten magia e ilusión. Es como en el mito de la caverna de Platón, cuando el esclavo está de espaldas a la realidad y sólo ve las sombras proyectadas en la pared y piensa que eso es lo real. Es ese juego de dónde está el límite de lo real, de la sombra y del reflejo.

– ¿Cómo le fuiste dando forma a la idea?

– En estos cuadros hay diferentes formas de tratar la realidad, algunas más experimentales, es la búsqueda cotidiana. El barco es la excusa para pintar el reflejo y, de hecho, al final me he ido quedando con la esencia, el destello de la luz, con el reflejo. Es decir, al principio buscaba una excusa, el referente real, pero después me di cuenta de que el reflejo tenía una validez total. Y para llegar a ese hallazgo fue necesario todo ese trabajo previo.

– ¿Por eso has tendido a un estilo más abstracto en este último trabajo?

– Parecen abstracciones pero son fragmentos de realidad descontextualizados. Mi obra se va simplificando, es una depuración, menos naturalista y más conceptual; a eso he tendido en los últimos cuadros de esta colección y realmente esto ha sido un hallazgo. Al final es un concepto, un segundo, atrapar un instante y congelarlo. Me gusta el ilusionismo, el crear un mundo en mis cuadros, la atmósfera, bien la opresión de la ciudad en Crepusculario, o las reflexiones del agua en Reflejos; pero ésta ha tendido más a lo conceptual.

– ¿Y para plasmarlo qué técnica has utilizado?

– Casi todo son óleos sobre lienzo. El óleo aquí funciona muy bien con el tema de las transparencias, puedes superponer colores, velos de color, dejándose ver la capa anterior. Además he cambiado la forma de trabajar, me he vuelto muy meticuloso. Antes era más expresionista, más espontáneo y aquí la pincelada ha sido muy medida, he ejercido mucho más control sobre la obra. Antes lo dejaba al azar, sufría también más y ahora soy más analítico; es un trabajo de meditación, como un monje. El color ha sido muy importante también. Por eso utilicé los barcos al principio para meterle color al agua. Al final me di cuenta que iba sobrando.

– En la exposición además se proyectan dos video-creaciones tuyas ¿Te obsesiona el movimiento?

– Sí, hay dos proyecciones de videoarte en distintos espacios de la bodega, con la misma temática que la pintura, son reflejos de mar; se trata de que dentro de espacios oscuros, de un templo del vino, meto luz y agua. La proyección de video aporta ese movimiento que le falta a la pintura. El video arte es otro de los proyectos, es un descubrimiento. Yo entiendo el video como una fotografía en movimiento, con un tiempo, pero no para contar una historia, sino para crear atmósferas, sensaciones. Me parece muy atractivo, tiene muchas posibilidades. El arte tiene miles de formas, y ésta no deja de ser un medio más.

– ¿Qué ha significado este trabajo en la búsqueda del artista?

– Ya intuyo cosas pero ahora quiero seguir desarrollando este hallazgo porque creo que es un camino; me refiero al agua descontextualizada, un fragmento tan concreto de la realidad. Me encuentro con ganas de seguir en esta línea de trabajo, de seguir indagando en el video, esto es otro gran descubrimiento.

– ¿En qué momento te encuentras de tu trayectoria artística?

– Decía un profesor mío que lo importante es estar en el arte. Para mí no es tan importante lo que es una necesidad vital, crear, sino disfrutar de los grandes maestros, compañeros, de vivir en eso. Porque a mí el arte me emociona y me enriquece, es lo que alimenta mi alma.

Pintura Orgánica

Los reflejos empezaron a rondar la mente del artista hace dos años en un viaje a China y, “cuando vi el espacio de la bodega me di cuenta de que había que hacer una exposición de reflejos ahí”.

El hallazgo

Después de dos años de trabajo, esta colección ha significado su hallazgo más personal: retratar el instante congelado, desfigurado, de un reflejo en la mar, hasta romper toda relación con su referente.

La caverna de Platón

Los reflejos han sido una constante en la trayectoria del pintor y en esta colección los descontextualiza y juega con lo no evidente, con lo que aparenta ser.